Todo comenzó en Nueva York, años 50, un nuevo tipo de vivienda definió unamoda, el LOFT. Era el espacio favorito de los artistas como Andy Warhol, un lugar barato donde vivir, donde podían reunirse y expresar su creatividad, el lugar ideal para todos ellos, porque era un espacio que les ofrecía gran libertad de cambio y movimiento.
Sin embargo, hoy en día el loft ya no es tan exclusivo de los artistas; se ha establecido como un ideal de forma de vida contemporánea. Su apuesta por los espacios abiertos y flexibles es el deseo de toda una generación que se siente libre en este tipo de viviendas. Pueden ser reformas de locales, talleres o naves industriales adecuados para vivir el día a día, de esta manera adquiere la esencia original de un loft, pero ya no es necesario que su origen industrial sea auténtico para sentirlo como tal. También hay viviendas “normales” que se han inspirado de una forma increíble en su estilo de vivienda libre.
En un espacio reducido también se puede reproducir el espíritu de un loft. Podemos conservar los elementos que merezca la pena mantener, como una viga de madera, una cornisa decorada o una pared de ladrillo, pero no es necesario fabricarse una estética totalmente industrial. Lo importante en estas viviendas es la movilidad: poder trasladar un sofá, redistribuir la zona de comedor… Esta movilidad y esta libertad se consiguen con las plantas libres y el mínimo uso de tabiques.
El mayor inconveniente de un loft es consecuencia de su mayor virtud, una vivienda libre con falta de intimidad. Aunque hay soluciones para tenerlo todo, como las paredes correderas, son ideales para dotar de intimidad a una estancia en un momento dado.
